Escritores traductores. ¿Qué fue primero, el escritor o el traductor?

Los escritores<>traductores más relevantes

Es comprensible el hecho de que existan muchos escritores que se implican en la traducción de obras y al contrario, traductores que llegado un día, se aventuran con su propia creación. Los escritores son ávidos lectores, en una continua búsqueda de nuevas inspiraciones, historias y referencias. En este contexto, la traducción se vuelve inevitable tarde o temprano. Del mismo modo, si alguien se especializa en traducción literaria es evidente que lo hace por una inclinación y sensibilidad hacia el arte de la escritura. En algunos casos, el oficio de traductor fue previo al de escritor, en otros (la mayoría) fue al contrario. Hemos recogido en este post a los traductores<>escritores más célebres y también a nuestros favoritos.

portada_poe_cortazarEmpezamos por Julio Cortázar, el “traductor metido a escritor” por excelencia. Por si no los sabíais, es muy fácil que hayáis leído una traducción suya de Robinson Crusoe o de los relatos de Chesterton, pero sobre todo es probable que hayas tenido entre las manos alguna traducción de cuentos de Edgar Allan Poe. A pesar de que él ya había publicado un par de cuentos, todos estos maestros literarios parecieron dar a Cortázar el “entrenamiento” y valor necesarios para lanzarse a la escritura. El resto ya lo conocéis. Por cierto, otro autor que se entregó con devoción a la traducción de los relatos de Poe fue Baudelaire, incluso sin dominar del todo el inglés.

Por supuesto, hablando de traducción y escritura no podemos dejar de hablar de Borges. Su caso es muy particular, porque el escritor tenía en muy alta estima la labor del traductor, tanto que creía que la traducción podía superar al original, y que no había por qué mantenerse fiel al 100% al texto. En este sentido, es criticado por quienes defienden que la figura del traductor debe ser invisible en un texto, tachando a Borges de excesivo en su faceta de traductor.  Sin embargo, no son pocos los que destacan su trabajo con obras maestras como la traducción de la poesía de Walt Whitman.

Quizás uno de los casos más llamativos es el de Samuel Beckett, que se traduce ni más ni menos que a sí mismo. Desde luego cumple así a rajatabla una de las máximas de la traducción literaria, que es conocer bien al autor y su obra. Además, dominaba con maestría el inglés y el francés, por eso no deja de ser un ejercicio interesante leer y comparar las versiones francesa e inglesa de Esperando a Godot.

gran_murakamiTenemos la literatura plagada de ejemplos similares: Bioy Casares traduce a Walter Stevens, Guillermo Cabrera Infante la obra Dubliners de Joyce; Murakami el Gran Gatsby de Scott Fitzerald, o Javier Marías, con excelentes traducciones de Faulkner o Joseph Conrad.

Hasta el momento no habíamos mencionado a ninguna escritora traductora, pero es que dejamos a nuestras favoritas para el final. La genial Ana María Matute tradujo aquello que le fascinó desde su infancia y que tanto influyó en su obra: el mundo mágico y a veces cruel de los cuentos, como los de Esopo y Hans Christian Andersen, y algún título de Mark Twain.

juego de tronosY no podíamos acabar esta entrada sin mencionar a una de las traductoras actuales más admiradas en nuestra oficina, Cristina Macía, traductora de la saga de Juego de Tronos pero también autora de literatura juvenil como Una casa con encanto.

Nos gustaría leer vuestras aportaciones sobre traducciones de escritores que os hayan (o no) gustado, recomendaciones o inquietudes, si es que estáis considerando la posibilidad de lanzaros a la creación literaria.

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