Nuevas tecnologías: traducir nuevas realidades

Hay dos posturas encontradas a la hora de valorar la influencia de la tecnología en el lenguaje. Por una parte, están quienes acusan a las redes sociales, aplicaciones y nuevas formas de comunicación de corromper el idioma. Por otra, están quienes ven en estos avances tecnológicos una oportunidad para el enriquecimiento del lenguaje.

Lo que está claro es que las nuevas tecnologías aceleran la manera en que cambian los idiomas. Es evidente que una lengua debe evolucionar al ritmo de la sociedad; tiene que denominar e identificar nuevas realidades. De hecho, es como siempre ha ocurrido, solo que tal vez no de una forma tan rápida como ahora.

Opciones-de-etiquetadoAún así, el lenguaje no es algo que cambia en cuestión de poco tiempo. Según nuestro punto de vista no es tan fácil, en contra de lo que opinan los más agoreros, que un idioma asuma fácilmente neologismos u otros términos colonizadores que invadan la lengua propia. A día de hoy, somos más etiquetados que tageados en las fotos, y colgamos más cosas de las que posteamos. Adaptamos nuestro idioma, traducimos a nuestra idiosincrasia. Reutilizamos términos o creamos otros, y eso en ningún caso puede ser perjudicial para una lengua, al contrario: la enriquece y estimula su creatividad.

Por otra parte, tampoco es tan fácil que la escritura rápida, errónea, esa que se come caracteres, pueda llegar a influir negativamente sobre la norma. Quien sabe escribir bien, va a seguir escribiendo bien. E incluso el que no sabe, tiene ahora más posibilidades y más accesibilidad a fuentes de información que cambien esto (de hecho, sólo con seguir en Twitter a instituciones como la RAE o la Fundéu se aprenden muchas cosas).  Además, el idioma ha adquirido con Internet una esfera pública que antes no tenía: cualquier mensaje que escribamos puede ser leído por muchísimas personas. De hecho, la primera imagen que proyectamos ahora sobre nosotros mismos es un perfil en una red social (ya sea LinkedIn, Facebook, Twitter u otras) es decir, una imagen y aquello que hemos escrito. ¡Como para no cuidar la ortografía!

 

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