Tribuna del becario (VI)

Esta vez es Ángela, nuestra becaria italiana, quien hace su aportación personal en nuestro blog. Nos habla de lo enriquecedor que es tener una experiencia laboral en el extranjero, así como de las diferencias que ha encontrado entre España e Italia en el sistema de legalización de traducciones.

 

Un año después la Licenciatura en Traducción e Interpretación con especialidad en lengua árabe, española e inglesa son varias las experiencias que han contribuido a ampliar mi perfil profesional como traductora. Las que merecen la pena mencionar son dos: la primera, ha sido ganar el Concurso público “Torno Subito”, un concurso organizado por la región Lazio que me ha dado la posibilidad de tener una experiencia de trabajo en el extranjero; la segunda – que está estrechamente relacionada con la primera – ha sido trabajar en la agencia de traducción TRIDIOM. A pesar de mis pocos criterios de comparación, dado que la mayor parte de los trabajos de traducción los he realizado como “freelance”, la agencia TRIDIOM me ha aparecido inmediatamente como un oasis en el desierto del Sahara. Un oasis – como todo el mundo sabe – es una fuente natural que se convierte en fuente de salvación para los viajeros que deciden adentrarse en las amenazas y las insidias del desierto. Así, TRIDIOM, dotada de software de traducción actualizado y herramientas de última generación (como por ejemplo el programa SDL Trados Studio 2014, cabina insonorizada para la interpretación simultánea, dobles pantallas por cada traductor etc..), su extrema atención al empleado (pero sobretodo al cliente), es un modelo para los profesionales que trabajan en el sector de la traducción. Entre los motivos dignos de mención quiero destacar la escrupulosidad y la preparación adecuada de los traductores, y además el interés comprometido a acoger y enseñar a los nuevos y inexpertos traductores.

planes-flying-around-the-globe_M1pS9RIdEsta experiencia ha enriquecido sin duda  mi propio bagaje cultural, dado que he tenido la posibilidad de perfeccionar mis técnicas de traducción en las combinaciones lingüística SPA>ITA, y además aprender el procedimiento burocrático en vigor en España para la legalización y autentificación de la traducción. En este sentido, reconozco la mayor flexibilidad y sencillez de la burocracia española en materia de legalización de los documentos. En efecto, el traductor jurado en España, en lugar de de perder su preciosísimo tiempo en largas colas en el Tribunal para obtener algunas firmas de los Oficiales judiciales, después de un examen de habilitación, está dotado de un sello con el cual puede legalizar sus documentos traducidos cómodamente en su oficina. Si Italia adoptase el mismo procedimiento administrativo de España, sin duda se aliviaría el sistema de legalización de los documentos traducidos, reduciendo al mínimo el trabajo de los actuarios del Tribunal.

En conclusión, partiendo de la premisa de que nunca se deja de aprender y mejorar – y aquí me dirijo en especial a mis connacionales -, sugiero a todos los “nuevos traductores” de realizar un experiencia de trabajo al extranjero, y porque no en el corazón de Madrid, en un ambiente joven, dinámico y profesional como aquello presiente en la agencia de traducción TRIDIOM.

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